Por Cotney Consulting Group, traducido por Alberto Torres
El calor extremo normalmente no provoca el primer error en un trabajo de techado. Provoca el segundo.
El paso que se omitió.
El movimiento apresurado.
La decisión que en ese momento pareció correcta, pero no lo era.
Las cuadrillas de techado conocen el calor. Trabajan bajo él cada verano. Pero esa misma familiaridad es lo que hace que las temperaturas extremas sean tan peligrosas. Cuando el termómetro sube, la capacidad de juicio comienza a disminuir mucho antes de que alguien se sienta lo suficientemente mal como para dejar de trabajar. Es ahí donde el riesgo entra silenciosamente a la obra.
La mayoría de las conversaciones sobre seguridad en épocas de calor se enfocan en la hidratación y las enfermedades relacionadas con el calor, y con razón. Sin embargo, el calor también afecta la concentración, el tiempo de reacción y la toma de decisiones. Ahí es donde comienzan los accidentes.
A medida que aumenta la temperatura:
Los techadores no dejan de preocuparse por la seguridad cuando hace calor; simplemente sufren una sobrecarga mental. Cuando las cuadrillas están acaloradas, cansadas y bajo presión para mantener la producción, incluso los trabajadores con más experiencia pueden calcular mal un apoyo, omitir el uso de sistemas de protección contra caídas o apresurar el manejo de materiales.
Por eso el calor extremo debe tratarse como un riesgo operativo, no únicamente como un problema de salud.
Uno de los errores más comunes es pensar que el mayor riesgo ocurre durante la tarde. En realidad, algunos de los momentos más peligrosos suceden mucho antes.
Con frecuencia, las cuadrillas de la mañana trabajan a un ritmo acelerado para "ganarle al calor," especialmente durante las temporadas de mayor actividad. Los retiros de techos avanzan más rápido, la preparación del sitio se hace con mayor prisa y los descansos se posponen. Al llegar el mediodía, la fatiga ya se ha acumulado, incluso si la temperatura todavía no alcanza su punto más alto.
Los líderes deben reconocer este patrón. El riesgo relacionado con el calor se acumula durante toda la jornada. Una vez que aparece, no desaparece simplemente por tomar un descanso para beber agua.
El calor extremo rara vez actúa por sí solo. Generalmente viene acompañado de:
Cuando la presión por cumplir con la producción se combina con altas temperaturas, las decisiones relacionadas con la seguridad comienzan a verse comprometidas. Las cuadrillas dudan en disminuir el ritmo. Los supervisores sienten la presión entre las fechas de entrega y la realidad del trabajo. Los trabajadores soportan el malestar porque "todos los demás también lo hacen."
Es precisamente ahí donde el liderazgo hace la diferencia.
Una cultura sólida de seguridad permite que las cuadrillas ajusten su ritmo de trabajo sin temor a ser castigadas. Una cultura débil, por el contrario, fomenta silenciosamente seguir adelante hasta que algo sale mal.
Controlar los efectos del calor extremo no requiere programas complicados. Requiere hacer ajustes intencionales en la forma de planificar y dirigir el trabajo.
Las empresas más efectivas:
Y, sobre todo, les dan a sus supervisores la autoridad para tomar decisiones en tiempo real sin preocuparse por cómo reaccionará la gerencia.
Si el mensaje es "terminen el trabajo cueste lo que cueste," el calor siempre terminará ganando.
Una de las estrategias más efectivas para reducir los efectos del calor también es una de las menos utilizadas: la rotación de cuadrillas.
Rotar las actividades:
No se trata de disminuir la productividad, sino de mantenerla de forma segura. Un techador fatigado trabaja más despacio, comete más errores y tiene muchas más probabilidades de sufrir un accidente que uno bien descansado.
Las cuadrillas siguen el ejemplo de quienes las dirigen en el campo. Si el supervisor omite los descansos, la cuadrilla hará lo mismo. Si reconoce el riesgo del calor y ajusta las expectativas, el equipo también lo hará.
Los supervisores más efectivos:
Con frecuencia, el estrés por calor se manifiesta primero como irritabilidad, impaciencia o silencio antes de convertirse en una enfermedad. Esas son señales de liderazgo, no muestras de debilidad.
Toda empresa de techado debería responder claramente una pregunta:
Si la respuesta no es inmediata y evidente, las cuadrillas asumirán que deben seguir trabajando.
Una política clara para detener el trabajo:
Reducir el ritmo o detener las labores debido al calor no es un fracaso. Ignorar el problema sí lo es.
Muchos incidentes relacionados con el calor ocurren al final del día, cuando las cuadrillas ya están cansadas y solo quieren terminar. Las tareas de cierre, como la limpieza del sitio, retirar las escaleras o acomodar los materiales, merecen tanta atención como la instalación del techo.
Una sencilla conversación al finalizar la jornada puede hacer la diferencia:
Estas conversaciones ayudan a prevenir el accidente de mañana, no solo el de hoy.
El calor extremo no anuncia su llegada como un peligro evidente. Se integra silenciosamente en la jornada, reduce la capacidad de juicio y hace que buenos trabajadores asuman riesgos que normalmente evitarían.
Las empresas de techado que mejor manejan el calor no solo reparten agua; también ajustan las expectativas, fortalecen el liderazgo y respetan los límites del cuerpo humano.
El calor siempre será parte del trabajo en la industria del techado.
La forma en que se gestione determinará si sigue siendo simplemente una condición de trabajo o se convierte en un incidente.
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